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Chelsea: un restaurante lleno de historia

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Texto Annemarie Balde Loosli – Fotos por Carolina Brauner.

 

Pasear por Trujillo lo acerca a uno a la historia. A ese pasado glorioso del Virreinato, donde muchas casonas que pertenecieron a ricos hacendados se conservan en excelente estado. Hemos visitado varias y no deja de asombrarse uno cuando observa las inmensas habitaciones, los diferentes patios los muebles y el zaguán por donde entraban los caballos. Uno se queda realmente tratando de imaginar aquellas tertulias, cenas, en la época en que los comedores de hombres y mujeres eran separados.

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Chelsea

Una de estas antiguas casonas fue convertida en un restaurante. El mejor de Trujillo donde comer, realmente es un placer para los sentidos, la estética y todo. Pasar una velada en Chelsea es algo alucinante: la ambientación con finas antigüedades y colecciones de relojes, sifones, botellas y detalles dan cuenta de un refinado gusto.

Los platos del local van a la par: exquisiteces en carnes, pescados, postres, servidos finamente lo convierten en un lugar absolutamente inolvidable.

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Casona del Virreinato

Efectivamente, Chelsea es único. Su ambientación dentro de esta casona, decorada muy finamente, eligiendo con tiempo, esmero y trabajo cada pieza, lo hace muy especial. Colecciones de relojes antiguos, sifones, botellas, cuadros, su antigua cabina telefónica inglesa, piano y distintos ambientes, logran un conjunto muy armónico y especial. La elegancia predomina en todos los ambientes, secundada por la fina atención de los mozos que ofrecen una carta con muchas variedades de comidas, lo que hace difícil la elección.

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Caballos, leña y granos

La casona, remodelada tras estar muchos años arrendada, conserva su zaguán donde pasaban los caballos, los diferentes patios, una escalera que conduce a un gran cuarto donde se guardaba la leña, los granos y otros víveres.

Hablamos con su actual dueña Polly Mansilla, quien nos cuenta sobre la historia de esta casona y cómo se le ocurrió convertirla en el más fino restaurante de Trujillo.

“La casa la compró mi abuelo, Isaías Mantilla, hace 115 años. Él fue un hacendado de la zona, e hizo esta adquisición para que viviera la familia. Son aproximadamente mil metros cuadrados con diferentes habitaciones, un patio principal y en la parte de atrás está el zaguán donde paraban los caballos”.

 

Desde un Banco a la cocina

“La casona con los años, continúa Polly, quedó después de muchos años abandonada y fue arrendada por una tía mía unos 30 inquilinos. Yo trabajaba en un Banco que quebró. Entonces yo pensé que debería cambiar de rubro, empezar algo nuevo. En ese mismo tiempo mi tía iba a cobrar el arriendo a los inquilinos, quienes no pagaban, sino que le soltaban los perros, con lo que ella se iba sin nada”.
A Polly se le ocurrió pedir la casona para convertirla en restaurante. “En tres meses logré desalojar a los arrendatarios, quienes vivieron ahí por 50 años, y dejaron la casa en un estado catastrófico, completamente inhabitable.

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Anticuchos, alitas en la calle

Polly no desmayó, sino que se puso a vender anticuchos fuera de la puerta, en la calle misma, mientras se iban los arrendatarios. “Tuve tanto éxito que me llené de pedidos y empecé a ampliar mis comidas de acuerdo a lo que pedía el público. Hice mollejitas, chorizo, alitas y aunque vengo de una familia acomodada no me importó nada estar en la calle, desde muy pequeña me gustó vender cosas”.

Anticuarios, remodelación y amoblado

Mientras tanto se desocupó la casa y Polly junto a un diseñador recorrieron muchos anticuarios en Lima, viajaron a conocer muchos lugares para sacar ideas. “El mobiliario lo mandé a hacer yo. Veía una silla que me gustaba, la adquiría para luego copiarla con las más finas maderas y maestros de Trujillo.

Finalmente llegó el día de la inauguración en febrero de 1997. Un gerente de un banco confió en el emprendimiento y tesón de Polly y le ofreció un préstamo para la remodelación y posterior alhajamiento

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Especial calidez de Chelsea

“Para hacerme de esta casona hice un cambio con mi tía: ella me cedió esta casona a cambio de un departamento que yo le compré”.

La remodelación fue todo un desafío: pisos, paredes, techos, todo necesitó arreglarse. Puso mucha madera en todos lados, lo que le dio una especial calidez al lugar. Igualmente hizo una pared de piedra al final de uno de los comedores.

Polly pensó en el restaurante porque en Trujillo no había nada muy bonito y elegante para comer y dijo, hagámoslo. Las ideas e infinitos detalles fueron surgiendo en diferentes viajes, donde Polly observaba todo muy atentamente.

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Cocina de su madre y el shámbar

Además, señala “yo había aprendido bastante de cocina junto a mi madre y quería ofrecer algo distinto y finamente presentado. Mi hermano que tiene una escuela de Chefs, también jugó un rol clave en la elección de los distintos platos”.

Ahora Polly ofrece entre otras muchas variedades lomo en salsa con cuatro pimientas, risotto de pato confitado, supercorrido, que fue con el plato con que comenzó, mollejitas, alitas. Los días lunes tiene un plato exclusivo que es el shámbar, en base a menestras (habas, fréjoles, trigo, pellejo de cerdo, aromatizado con hierbabuena).

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Delicias Chelsea

En postres tiene la delicia Chelsea que es un crocante de pecanas (frutas secas), con manjar blanco en salsa de amaretto y crema de chantilly.

La noche Chelsea, que son durazno con Baylis, Drambui, ron y amaretto. Los domingos Polly ofrece almuerzos y cenas, con buffet criollo. Los fines de semana tienen acompañamiento de orquesta en vivo. Los jueves, viernes y sábado, piano bar.

 Enorme sacrificio y trabajo

Su público son jóvenes desde los 26 años, es gente que viene de todas partes, su publicidad ha sido el boca a boca.

“Todo esto lo he logrado con un enorme sacrificio y trabajo. Muchos años no hubo nada más que trabajar todo el día y parte de la noche, estar en la cocina, probando y probando. Si el cliente dejaba algo en el plato,  me preguntaba por qué sería, si le había gustado la comida”.

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Empresaria del año

Hoy Polly dice sentirse realizada, tiene el restaurante completo y 33 mozos y cocineros son sus fieles aliados.

Su arduo trabajo le significó ser premiada por la Cámara de Comercio como la empresaria del año.

Polly Mansilla es de Trujillo, donde tiene una linda familia, sus primas han sido elegidas Miss Perú, Miss Libertad y Miss Perú Mundo.

“Mi local es reconocido como el mejor saliendo de Lima hacia el Norte. Ahora quiero pedir a través de su medio que vengan todos los chilenos a comer a Chelsea”, concluye.

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Chelsea: Estete 675

Teléfono: 257032

Trujillo, Perú

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Enviado por Annemarie Balde Loosli el 27/11/2011 a las 21:05
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